A prácticamente un año de que el himno resuene entre las butacas del Estadio Azteca para inaugurar la máxima fiesta del fútbol mundial, México tiene un gran desafío: contener el fenómeno de violencia, que al día deja un promedio de 76 homicidios dolosos en el país.
Por tercera vez en la historia, México será sede mundialista, aunque a diferencia de 1970 y 1986 el país atraviesa por elevados índices de inseguridad y las sedes no están exentas de la presencia y operación grupos criminales.
En la Ciudad de México hay células de la Unión Tepito y el Cártel de Tláhuac; en Guadalajara, Jalisco, del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG); y en Monterrey, Nuevo León, del Cártel del Golfo y el Cártel del Noreste. Las tres entidades concentran el 13% de los homicidios del país.
La violencia y la inseguridad persisten en estos lugares, lo que representa un reto para los organizadores del evento y la FIFA.
El contexto de violencia en el país podría afectar la percepción internacional del evento, lo que hace aún más urgente la necesidad de implementar medidas de seguridad efectivas.










