IZÚCAR DE MATAMOROS, PUE. — Con una vida marcada por el esfuerzo, la honestidad y la perseverancia, don Pedro de Jesús Reyes, originario de la comunidad de Agua Dulce en Tilapa, se ha convertido en un personaje querido y reconocido en Izúcar de Matamoros, donde desde hace 10 años se desempeña como “viene, viene”.
A lo largo de su vida, Don Pedro ha demostrado que el trabajo digno es una de las mayores virtudes. Su trayectoria laboral comenzó en la calera de Amatitlanes, donde adquirió experiencia y aprendió el valor del esfuerzo físico. Con el paso del tiempo, y pese a su edad, también laboró como paquetero en una empresa importante (Bodega Aurrera) del municipio, destacándose siempre por su responsabilidad y disciplina.

Hoy, siendo una persona de la tercera edad, continúa trabajando diariamente en el zócalo de Izúcar, donde es ampliamente conocido por su amabilidad, respeto y dedicación. Para Don Pedro, cada jornada representa la oportunidad de ganarse con dignidad el pan de cada día, y nunca falta un gesto de agradecimiento hacia quienes le ofrecen una moneda por su labor. Asegura que nada es obligatorio y respeta la voluntad de cada conductor que estaciona su motocicleta bajo su mirada atenta.
La historia de don Pedro es un recordatorio de la importancia de valorar a los adultos mayores que, a pesar de las dificultades de la vida, siguen saliendo a las calles en busca de un ingreso honesto para sustentar su hogar. En contraste, señala la creciente tendencia entre los jóvenes de esperar resultados sin esfuerzo, lo que hace aún más admirable la constancia de quienes, como él, han construido su vida a base de trabajo.
Apoyar a personas como don Pedro no cuesta nada y, en cambio, representa un acto de solidaridad hacia quienes dedican su tiempo completo a una labor que muchas veces pasa desapercibida, pero que es fundamental para la convivencia diaria en el municipio. Su historia es testimonio de que la dignidad y la perseverancia siguen siendo valores vigentes.
Don Pedro de Jesús es, sin duda, un ejemplo de vida cuya trayectoria inspira respeto y admiración. Su nombre se ha vuelto sinónimo de trabajo honrado, y su presencia en el centro de Izúcar de Matamoros es un recordatorio silencioso de que el esfuerzo diario también construye comunidad.










