La mejor herencia que los progenitores pueden dejar a sus hijos.
Son los valores: el respeto, el amor, la tolerancia, la comunicación, la solidaridad y la generosidad, los cuales llevados a la práctica constituyen el éxito de un hijo.
El éxito no está en la acumulación de más riqueza, en un sinfín de bienes materiales y de lujos que pueda haber en un hogar. El éxito está en la capacidad que tenemos los seres humanos para ser felices con lo que poseemos, sin que esto signifique necesariamente que debamos ser conformistas, pero sí disfrutar con lo que contamos en este momento para aspirar a algo mejor, aunque esto no debe convertirse en una obsesión ni pasar sobre los demás para conseguirlo, pues lo que se obtenga de esta manera no puede considerarse positivo ni formar parte del éxito.
Los padres debemos ser cuidadosos en todo lo que digamos y hagamos dentro y fuera del hogar, pues los hijos tienden a ser los mejores observadores e imitan de manera inconsciente nuestras actitudes, nuestros hábitos, de tal forma que debemos enviarles mensajes positivos, en el sentido de que el éxito al que aspiramos todos los días se mide en función del bienestar del que gozamos cotidianamente, pero no por los bienes materiales que existen en casa, sino por la armonía, por la buena relación y la comunicación constantes que nos permiten salir adelante, incluso, en los momentos de adversidad.
Finalmente, estimado lector, el éxito como tal debe ser una meta que nos debemos fijar día con día, sin que eso implique desviarnos del propósito de llevar, en la medida de lo posible, una buena relación con todos los que nos rodean, pues cada persona también tiene su propio concepto del éxito.










