Javier Santiago Reyes, Rector de la Universidad Tecnológica de Izúcar de Matamoros
El momento por el que atraviesa México nos obliga a repensar a la educación como una alternativa real en beneficio de los intereses del pueblo y no de una minoría.
Históricamente, los cambios en la vida pública se deben acompañar de un proyecto educativo que siente las bases de la sociedad que queremos para el país que necesitamos. Por ejemplo, el cardenismo impulsó como idea colectiva la defensa de la soberanía, del territorio, de nuestros recursos, de la justicia social, del reparto agrario y de la educación como palanca del crecimiento económico.
Con la llegada del neoliberalismo en los 90´s prevalecieron más los intereses particulares o de grupo, olvidándose de los ideales de la revolución. De ahí surge la necesidad imperante para que en la Cuarta Transformación se aprovechen los recursos naturales y humanos en beneficio colectivo y alcancemos desde la unidad las demandas de la sociedad contemporánea trascendiendo el individualismo, la competencia y los intereses privados.
Hoy en día se requiere que el quehacer de universidades y escuelas no se subordine a intereses materiales o al capital transnacional, es importante que rechacemos la concepción gerencial de la educación y la formación de mano de obra barata, que como sociedad vigilemos que las autoridades educativas cumplan con procedimientos de ingreso de nuevos docentes con base en la normatividad y limitar dentro de las universidades el poder de las estructuras obsoletas, oportunistas, mercantiles y autoritarias. Es menester replantear las relaciones de la educación, con las organizaciones sociales, públicas y privadas, para que nuestros estudiantes y egresados tengan como característica la productividad desde la sustentabilidad, el humanismo y la revolución de las conciencias.
La larga noche neoliberal negó la participación de las instituciones educativas en la solución de los grandes problemas nacionales, por eso es necesario que desde la Cuarta Transformación recuperemos el proyecto social de la educación, sin repetir los vicios del pasado, con una propuesta pedagógica, revolucionaria, popular y con perspectiva de género, que rechacemos colectivamente las fuerzas de la derecha, el dispendio, la corrupción, la simulación, la mentira, la discriminación y el privilegio para unos cuantos. Es importante que nuestra visión de educación se centre en la ética, el humanismo y la ciencia.
Nuestro momento como nación nos convoca a reflexionar sobre el cómo hacer frente a la deserción escolar, al fortalecimiento de la gratuidad, al respeto del derecho a la educación, el acceso a las tecnologías, de mejorar nuestra concepción de un mejor mundo para los más vulnerables y de hacer posible la transformación más allá de los discursos vacíos o la permanencia en las instituciones de la mafia en el poder.










