Javier Santiago Reyes, Rector de la Universidad Tecnológica de Izúcar de Matamoros
La descomposición social que se vive en México y en gran parte del mundo, ha afectado a los estudiantes de todos los niveles educativos, quienes inmersos en un ambiente de violencia, delincuencia organizada y otros problemas estructurales, pierden constantemente sus principios éticos y se conducen inevitablemente hacia una sociedad inmoral. Los medios de comunicación y las nuevas tecnologías juegan un papel preponderante por ser de lo más cercano que tiene la sociedad como instrumento de aprendizaje, información y entretenimiento.
El contenido que se difunde en los medios, provisto abundantemente de imágenes e información que funcionan para manipular y controlar a la sociedad, no debe ser subestimado en su análisis, mucho menos debe omitirse una propuesta urgente dentro de la política educativa, para hacer frente a la cotidiana turbulencia mediática, donde principalmente la radio y televisión se convierten en histéricos escenarios de comunicadores (en su mayoría desinformados o alienados) que difunden las consecuencias de la pérdida de valores, que se profundizan aún más con las nuevas tecnologías y sus espacios virtuales como son las redes sociales Facebook, Instagram, Tik Tok o Twitter, los videos en YouTube, las páginas web y los videojuegos, por citar algunos ejemplos. De esta manera los medios de comunicación y las nuevas tecnologías de información se convierten en mastodontes paralíticos que contribuyen a la decadencia humana y normalizan entre los jóvenes discursos de odio, prejuicios y prácticas que atentan contra la libertad o la dignidad.
Aunque todos los ciudadanos podemos plantear cuestionamientos de manera más racional, hacía la situación que priva a la sociedad y todos tenemos nuestro código ético, desde los deberes y principios que afectan a una profesión nos percatamos de la carencia de ética en los medios de comunicación y el uso de las nuevas tecnologías, lo que nos permite discernir entre el deber y las normas morales de comunicadores, educadores, estudiantes y otros involucrados, constatando con ello, la falta de una Educación Para los Medios (EPM). La carencia de códigos que reglamenten los aspectos del “deber”, hace que el abuso de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías como forma de manipulación y control de la sociedad se coloque por encima de un marco jurídico y del marco moral.
Recuperar a la filosofía en la EPM, se puede lograr orientando desde la educación a la formación en los estudiantes del juicio moral a través del diálogo y la libertad. Sin embargo, a menudo se constata el desconocimiento de códigos mediáticos por los profesores, y más aún su carencia de interacción habitual con los jóvenes y los lenguajes contemporáneos, por lo que es casi imposible aprovechar la tecnología de forma creativa en la producción intersubjetiva del sentido, la construcción del conocimiento y la formación ética desde los espacios escolares.
Poco a poco se ha hecho evidente que los medios de comunicación y las nuevas tecnologías, no siempre han producido un control humano de acuerdo con los deseos de las élites económicas o políticas. La manipulación orquestada por los medios de comunicación no impide la libertad, hablar de un control total de los medios de comunicación, sería hablar de un enfoque dentro del relativismo al estilo de Protágoras.
El trabajo de los comunicadores no siempre se halla bajo el control humano o de acuerdo con sus deseos, no están cambiando las instituciones sociales, sino la transformación del ser humano, significan el fin de una era en la sociedad occidental y el principio de otra. Lo grave de esto es que pareciera que se conduce a la humanidad a su exterminio y no a una sociedad donde reine la felicidad y el amor como máxima expresión de la evolución.
En la EPM, es importante hallar la proporción en la que los medios de comunicación carecen de ética, pues en la lógica capitalista la carencia, se sustenta en la mayoría de los casos, por una necesidad de trabajo, de satisfacción de necesidades materiales y el reconocimiento de un estatus, por encima de contribuir con una sociedad informada que pudiera participar activamente en el desarrollo un mundo distinto al que conocemos.
Es importante aprender de los medios de comunicación no sólo como receptores, sino como interlocutores. Si los comunicadores no conocen al ser humano, la falta de ética será justificada en el terreno individual, pero inconcebible desde el ejercicio profesional y su responsabilidad social.
En la función docente el paradigma es un perfecto análogo, es decir, si el profesor es un paradigma para sus alumnos, entonces le permite enseñar más en su relación con sus estudiantes que en la misma cátedra. Es importante mencionar que en toda relación humana siempre hay transferencia y que siempre habrá estudiantes que acepten o repelan al docente, pero aun cuando suceda lo último, los profesores deben aprender a integrar, por ejemplo, si un estudiante les agrede, no se le debe expulsar del salón. En el mismo tenor, el docente debe comprender que, aunque sus estudiantes estén callados, están pensando, incluso de manera inconsciente.
Algunos docentes ya han hecho uso de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías como estrategias de aprendizaje, sin embargo, éstas a veces hasta lastiman, pues hay grupos que discuten, pero no hay ni forma ni fondo en la discusión, más grave es poner a competir a los estudiantes, pues esto se convierte en sofística y se abandona la filosofía, esos métodos no sirven. No hay instancia coercitiva que pueda imponer los principios de la ética.
Si la educación ha de ser un poder compensatorio en la cultura tecnológica, necesita cultivar un compromiso consciente con los valores morales y un sentido de los objetivos personales y colectivos que brinden un significado nuevo al esfuerzo y los logros individuales.
Con la EPM se puede contribuir al nacimiento de una nueva sociedad de estudiantes creativos motivados en su superación, sin embargo, mientras no exista una política que obligue a docentes y tomadores de decisiones en materia educativa a actualizarse en este tenor, el resultado puede ser el incremento de analfabetas funcionales y de individuos sin ética que solo velen por sus propios intereses, en detrimento de la colectividad.










