*Originario de Veracruz, Braulio llegó a Izúcar a los 22 años, impulsado por el deseo de emprender y mejorar su calidad de vida.
IZÚCAR DE MATAMOROS, PUE. – En el corazón de este pintoresco municipio, un carrito de cócteles de mariscos ha sido testigo de la tradición y el esfuerzo durante más de 25 años. Don Braulio Hernández, conocido cariñosamente como «el Jarocho», ha dedicado su vida ofreciendo a los habitantes y visitantes de Izúcar una experiencia culinaria única con sus famosos cócteles de camarón y pulpo.
Originario de Veracruz, Braulio llegó a Izúcar a los 22 años, impulsado por el deseo de emprender y mejorar su calidad de vida. «Vine de visita y me agradó el lugar. Un familiar estaba vendiendo lo mismo y decidí innovar y hacer las cosas de manera diferente», relata Braulio, quien ha perfeccionado su receta y técnica a lo largo de los años.
El carrito de Braulio, ubicado en la esquina de la calle Niño Perdido con Independencia, se ha convertido en un punto de referencia para los amantes de la gastronomía local. Aseguran que ellos ofrecen un producto 100% confiable y de la mejor calidad. Los precios son accesibles: 80 pesos por un vaso pequeño y 130 por uno grande, lo que lo hace una opción popular entre los izucarenses y visitantes de otras regiones.
La historia de Braulio no solo es un testimonio de perseverancia, sino también de comunidad. «Me siento orgulloso de Izúcar y de su gente. Siempre he recibido un gran apoyo», comentó, agradeciendo a sus clientes que lo han acompañado a lo largo de su trayectoria. Su esposa, Alejandra, también juega un papel fundamental en el negocio, aportando su carisma y amabilidad, características que han fidelizado a su clientela.
A lo largo de los años, Braulio ha enfrentado diversos desafíos, pero su pasión por la cocina y su compromiso con la calidad lo han mantenido en pie. el Jarocho considera que siempre ha habido oportunidades de trabajo en Izúcar. Lo único importante es tener la mente abierta para ver dónde están esas oportunidades, el invita a los jóvenes a seguir su ejemplo y buscar formas de ser productivos en la sociedad.
Con una mezcla de tradición y modernidad, el Jarocho sigue siendo un símbolo de la gastronomía de Izúcar de Matamoros, un lugar donde el sabor y la calidad se encuentran en cada plato. «Vamos por más», concluyó el Sr Braulio, con la esperanza de seguir deleitando a sus clientes por muchos años más.










