Este viernes 2 de mayo, el Vaticano dio inicio a los preparativos finales para el próximo cónclave con la instalación de la tradicional chimenea en la Capilla Sixtina. Este emblemático conducto, símbolo del proceso de elección papal, será nuevamente protagonista a partir del 7 de mayo, cuando los cardenales electores se reúnan en Roma para elegir al sucesor del papa Francisco, fallecido recientemente.
La chimenea cumple una función crucial en el protocolo del cónclave: a través de ella se comunica al mundo el resultado de cada votación secreta. El humo negro, producto de una mezcla química especial que incluye perclorato de potasio, antraceno y azufre, indica que aún no se ha alcanzado un consenso. Por el contrario, el humo blanco, producido por una combinación distinta, anuncia que los cardenales han elegido a un nuevo Papa con la mayoría de dos tercios.
La última vez que se vio salir humo blanco fue el 13 de marzo de 2013, cuando fue elegido el argentino Jorge Mario Bergoglio, quien asumió el pontificado bajo el nombre de Francisco. En cada jornada del cónclave, se realizan hasta cuatro votaciones: dos en la mañana y dos en la tarde. Las papeletas, una vez contadas, son quemadas para dar paso a la señal visual que miles de fieles esperan desde la plaza de San Pedro y desde todo el mundo.










