*Por más de seis décadas, Dulcería Vargas ha endulzado la vida de generaciones en Izúcar de Matamoros. Fundada por Jorge Rosas González y Luz María Vargas, hoy es Soledad Rosas Vargas quien continúa con este entrañable legado familiar.
En el centro de Izúcar de Matamoros, Dulcería Vargas se mantiene vigente tras más de seis décadas de tradición familiar. Fundada hace aproximadamente 65 años por Jorge Rosas González y Luz María Vargas, esta dulcería es un símbolo de arraigo, esfuerzo y dulces que han conquistado paladares de múltiples generaciones.
Dulcería Vargas nació gracias a la iniciativa de los padres de Soledad Rosas Vargas, actual encargada del negocio. Originalmente, el negocio formaba parte de un comercio más amplio que incluía abarrotes y licores, manejado en conjunto con las hermanas de Luz María Vargas. Con el paso del tiempo, cada familia se especializó en un ramo distinto, y los padres de Soledad optaron por continuar con la dulcería.

TRAYECTORIA Y TRADICIÓN FAMILIAR
Jorge Rosas González, originario de Puebla y exreserva del equipo Puebla, y Luz María Vargas, nativa de Izúcar y quien trabajó como secretaria en el ayuntamiento del municipio, fueron los pilares que cimentaron este negocio. Durante muchos años, ellos viajaban personalmente hasta el Bondojito, en Ciudad de México, zona reconocida por su oferta de dulces, para surtir la dulcería.
La dulcería desde ese entonces ofrece una amplia variedad de productos, desde dulces tradicionales en gramos hasta gomitas de marcas como Montes, que han permanecido en el gusto popular por décadas. La clientela, en su mayoría, está compuesta por familias que han comprado ahí durante más de 40 o 50 años, incluyendo a personas que ahora residen en Estados Unidos y regresan para visitar el negocio.
“La mayoría de nuestros clientes nos han comprado por muchos años. Hasta el presidente municipal me comentó que su mamá lo traía desde pequeño”, recuerda con orgullo.

REGRESO A LAS RAÍCES Y UN LUGAR DE ENCUENTRO COMUNITARIO
Aunque Soledad Rosas Vargas estudió y trabajó como docente en la Universidad Autónoma del Estado de Puebla, decidió regresar a Izúcar para continuar con el legado familiar y apoyar a sus padres. Destaca que la experiencia le ha enseñado la importancia de la humildad y el vínculo cercano con la comunidad, que frecuentemente acude a la dulcería no solo por los productos, sino también por el trato cercano y la confianza. “A veces vienen personas de los ranchos a pedirme favores como pesar productos, preguntar por el banco, o en cuánto está el dólar. Son detalles que me llenan el corazón”.
Dulcería Vargas no solo es un comercio de dulces; es un punto de encuentro donde se preservan tradiciones, se reavivan recuerdos y se mantiene viva la identidad local. Soledad invita a la comunidad y visitantes a conocer la dulcería, disfrutar de sus productos y formar parte de esta historia de más de seis décadas.










