La Secretaría de Salud emitió una advertencia sobre los peligros asociados al alto consumo de refrescos y otras bebidas azucaradas, destacando que sus efectos en el cerebro pueden ser tan perjudiciales como los del tabaco o el alcohol.
Durante La Mañanera del Pueblo, el titular de la dependencia, David Kershenobich Stalnikowitz, presentó los hallazgos que vinculan directamente estas bebidas con severas afectaciones a la salud física y mental.
De acuerdo con lo expuesto, el problema es particularmente grave en México, donde el consumo de refrescos esta normalizado desde la infancia.
El secretario Kershenobich explicó que el alto contenido de azúcar en estas bebidas provoca una liberación de dopamina en el cerebro, un químico asociado al placer.
Este proceso genera cambios neuroquímicos significativos. El consumo frecuente de azúcar incrementa la tolerancia del cerebro, lo que significa que con el tiempo se necesita una mayor cantidad para alcanzar el mismo nivel de estímulo y satisfacción.
Este ciclo de dependencia refuerza artificialmente una sensación de “satisfacción emocional”, creando un patrón de consumo difícil de romper.
Más allá de la adicción, el impacto en la salud mental es alarmante. La Secretaria de Salud detalló que incluso el consumo de un solo refresco puede causar picos y caídas abruptas de glucosa en el cuerpo.
Esto se traduce en una subida rápida de energía y ánimo, seguida de una caída que provoca fatiga, irritabilidad y más antojos de azúcar.
Las personas que consumen más de cuatro bebidas azucaradas al día tienen entre un 30 por ciento y un 40 por ciento más de riesgo de desarrollar ansiedad y depresión.
El problema del consumo de refrescos no solo afecta la salud mental, sino que también tiene consecuencias mortales a nivel nacional.










