POR ALEJANDRO VILLEGAS
La debacle económica del país es inocultable, por más que la ciudadana presidenta insista en que hay otros parámetros de medición. Los pronósticos oficiales la contradicen.
En esencia, destaca que el Banco de México redujo su estimación media de crecimiento para el Producto Interno Bruto (PIB) de este año a 0.3% desde 0.6% que tenían a fines de agosto.
El pronóstico, incorporado en su Informe Trimestral correspondiente al periodo julio a septiembre, establece una nueva proyección de crecimiento, que es el punto medio de un rango estimado que está entre 0.1 y 0.5 por ciento.
En concreto, por séptimo año consecutivo la economía nacional tendrá un crecimiento imperceptible.
Y ello, se refleja en el economía cotidiana y el nivel de empleo, que puede crecer, pero no ser bien remunerado, como es el caso de los repartidores por aplicación.
Un elemento ineludible y evidente es el costo de la canasta básica que, pese al compromiso firmado y reiterado, sigue en aumento gradual, pero a fin de cuentas aumenta.
Las amas de casa o quienes se encargan de realizar las compras cotidianas dan cuenta de los incrementos en el precio de la canasta básica, así como de otros elementos que particularmente se verán reflejados en el comportamiento de la economía durante la temporada decembrina y los primeros días de enero.
Lo evidente es que lo que sucede en los hechos y se mide de manera sistemática no se puede cambiar desde el discurso, por más que se pronuncie desde palacio nacional.
Agua
El pasado culpable y la lucha por mantener privilegios, representan un binomio discursivo, carente de peso real, pero que sigue siendo utilizado para imponer versiones y visiones de lo que sucede en el país.
El panorama que se proyecta desde palacio nacional en torno a la ley de aguas, en el discurso sigue la misma tónica, lo que deja en claro que el guion dictado se sigue a pie juntillas y eso permite apreciar los finos hilos del titiritero mayor que a distancia controla a su placer el escenario.










