Club Deportivo Santa María de Izúcar, lleva 47 años visitando la Basílica de la Virgen Guadalupe

IZÚCAR DE MATAMOROS, PUE. — Con 47 años de historia, el Club Deportivo Santa María de Izúcar de Matamoros mantiene viva una de las tradiciones más arraigadas del municipio: la peregrinación anual a la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México. Fundado en 1978 por Don Alberto, conocido cariñosamente como “El Tiburón”, este grupo surgió impulsado por la fe y devoción del fundador, quien tuvo la iniciativa de visitar año con año a la Virgen de Guadalupe, “la madre de todos los mexicanos”.

A lo largo de casi cinco décadas, esta peregrinación se ha convertido en un símbolo de unión, respeto y espiritualidad. Solo durante la pandemia, por la emergencia nacional, la tradición se vio obligada a detenerse por dos años. Sin embargo, el espíritu del grupo se mantuvo intacto y retomó su camino en cuanto fue posible.

SE MANTIENE EL LEGADO DE DON ALBERTO

Hoy, bajo la dirección de Don Issac Rodrigo Martínez Pacheco, el club continúa honrando el legado de Don Alberto. Posicionado actualmente como el cuarto grupo más importante en el municipio dentro de esta tradición, el Club Deportivo Santa María crece y se fortalece, guiado por el compromiso con su fe y el respeto a sus reglas fundamentales: amor, cero vicios y devoción absoluta durante el recorrido.

En sus inicios, la agrupación estaba conformada por tan solo 18 peregrinos. Con el paso del tiempo, la fe se multiplicó y llegó a reunir a más de 250 participantes dispuestos a caminar hasta el Tepeyac. A pesar de los cambios generacionales, el grupo conserva la esencia original: realizar la caminata a pie, tal como se hizo desde la primera ocasión.

 

Cada 10 de diciembre, los peregrinos parten de la calle Herculano Sánchez #113, en el Barrio de San Bernardino. Antes de iniciar el trayecto, organizan una misa de despedida en su capilla donde reciben la bendición y elevan súplicas para llegar y regresar con bien.

La tradición no sería posible sin el apoyo de personas que, año tras año, contribuyen de manera desinteresada. Entre ellas destaca Gerardo Bello, conocido como “El Chabelo”, y su familia, quienes han donado uniformes durante 12 años consecutivos. Asimismo, el licenciado Javier Tlatelpa ha aportado recursos por 18 años para identificar a cada integrante del grupo durante el recorrido. Finalmente, la señora Ana García ha brindado su apoyo ofreciendo un vehículo para garantizar la seguridad y bienestar de los peregrinos en varios periodos.

A casi medio siglo de su fundación, el Club Deportivo Santa María de Izúcar de Matamoros sigue demostrando que la fe, cuando se vive en comunidad, se convierte en una fuerza que perdura, crece y une. La tradición continúa, firme y respetuosa, rumbo al santuario guadalupano.

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