Nuestra selección mexicana no le puede fallar a millones de aficionados que soñamos con verla llegar a los octavos de final.
Sin duda, México puede conseguir el objetivo. Queremos celebrar un triunfo este martes por la noche y seguir alimentando esa ilusión que cada cuatro años vuelve a unir al país.
Hay esperanza, confianza y una enorme euforia mundialista.
También existen nervios, como es natural cuando se juega un partido de esta magnitud. Pero la fe en el Tricolor no debe perderse jamás.
Nuestra selección no puede apagar esa pasión que durante décadas ha identificado a millones de mexicanos.
Como bien dijo la presidenta Claudia Sheinbaum, al final se trata de un partido. Sin embargo, quienes amamos el futbol sabemos que esos noventa minutos representan mucho más.
Durante ese tiempo dejamos de lado diferencias y compartimos un mismo objetivo: ver jugar bien a México y derrotar a Ecuador.
En los tres Mundiales organizados en territorio mexicano, el Tricolor nunca había logrado ganar sus primeros tres encuentros sin recibir un solo gol. Esa fortaleza defensiva hoy es una de las principales cartas de presentación del equipo nacional.
Esta generación también refleja una mentalidad distinta. En un mundo globalizado, donde los futbolistas mexicanos compiten desde jóvenes con jugadores de las principales ligas, el miedo a enfrentar a las grandes potencias parece haber quedado atrás. Ya no existe ese complejo frente a selecciones como Brasil, Argentina, Francia, Inglaterra o Alemania quien quedo eliminado.
El futbol actual demuestra, además, que las sorpresas forman parte del torneo y que ninguna potencia tiene garantizado el triunfo.
Eso era precisamente lo que necesitaba el Tricolor: competir de tú a tú, sin complejos y sin temor al éxito.
Hoy vemos un equipo que transmite seguridad, disciplina, orden táctico y convencimiento. Después de varios años de altibajos, la ilusión volvió a instalarse entre los aficionados. Esa tendría que ser la principal conversación alrededor de la Selección.
La clave estará en conservar el orden defensivo que ha colocado al Tri entre las selecciones más sólidas del torneo.
Si mantiene esa fortaleza y aprovecha las oportunidades al frente, las posibilidades de avanzar serán reales.
El futbol tiene una virtud extraordinaria: durante noventa minutos consigue que un país entero deje de discutir sobre política, economía o ideologías. Une a personas que normalmente no coinciden en nada. Ese es su verdadero valor.
Durante un Mundial, la selección mexicana logra que millones de personas hagan una pausa en sus preocupaciones para disfrutar de un partido.
Cuando termine la participación de México, los problemas nacionales seguirán presentes. La realidad no cambia por un resultado deportivo.
Lo que sí cambia es el ánimo de la gente. Durante un par de horas tenemos derecho a ilusionarnos, emocionarnos y sentirnos orgullosos de nuestra selección.
Por eso, con las mejores vibras, disfrutemos este encuentro y deseemos el mayor de los éxitos al Tricolor.
Así es que como dice el “Perro Bermúdez”; “Vamos Muchachos”.
Y que Viva México Cabrones…
Gracias.
Si Dios nos deja.
Nos vemos cuando nos leamos…










