POR RUBÉN PALACIOS VIDAL
Al cerebro humano lo puede modificar en su estructura y sus funciones varios eventos sociales, pero el ejercer el poder político lo modifica muy drásticamente.
Son muchos los factores involucrados para que el poder cambie la conducta de un político; por ejemplo: tiene mucho que ver los primeros años de su infancia, las dificultades que enfrentó, el contacto social que tuvo, además de los rasgos de personalidad de cada individuo, la opinión acerca de uno mismo y la situación política.
Anécdota: Cuando asesinaron a Luis Donaldo Colosio el expresidente Salinas de Gortari llamó a su asesor principal y le pidió que le dijera tres cualidades de Ernesto Zedillo, y él le respondió: “Suple su inexperiencia con su inteligencia, aprende rápido y es servicial” inmediatamente Salinas le pidió que le dijera un defecto de Zedillo, a lo que su asesor le dijo: “Tiene problemas con su origen y eso lo hace ser rencoroso.”
Cuando hay una mala educación durante la infancia se genera mucho rencor y odio, que son ocasionados por problemas económicos, abandono de padres, alcoholismo, el sentirse menos que otros, sentirse humillado por los ricos, ser envidioso, obsesionarse con el poder. Al tener problemas con su origen y tener rencor la meta es llegar al poder a costa de lo que sea, y muchas veces venderse como un luchador social y como benefactor de algún gremio social público. Aclaro no todos los políticos tienen problemas con su origen.
Es común ver que las capacidades y conductas positivas que tiene un político como luchador social o candidato las pierde cuando llega al poder.
“Algunos factores biológicos involucrados indican que los cerebros de estos personajes expresan altos niveles de dopamina, adrenalina y testosteronas; de esta manera, el común denominador de un líder es: altos niveles neurotransmisores motivantes asociados a una hormona que masculinizan, lo cual favorece la expresión de un cerebro egoísta y agresivo”. D.E.C. Neurociencias.
Estos cambios neuroquímicos impulsan conductas misóginas, ególatras, arrogantes, que gradualmente alejan al líder de los valores iniciales que el personaje solía tener y cuyo carisma lo llevó al poder. En estas condiciones, el cerebro empieza a perder el control y aparecen algunos trastornos que incluso pueden ser visibles como la obsesión, paranoia, enojo constante, manipulación y posiciones irreconciliables son frecuentes cuando la situación social e histórica empeora.
En el cerebro de un político con poder ilimitado se pierde gradualmente la base de los escrúpulos. No expresa arrepentimiento, las normas sociales se desvanecen en sus actos.
Un buen político tiene que ser una persona con una madurez emocional muy fuerte, arreglar sus problemas de la infancia y ser capaz de aceptar que se puede equivocar. Un político en verdad inteligente debe tener a una persona a su lado también inteligente para que le hagan contra peso y le haga ver sus errores y no rodearse de LAMBISCONES que solo hacen que más rápido pierda el piso y tarde o temprano se va a perder en la locura del poder.
También es necesario que entienda que la gente ama el puesto que tiene no ama a la persona. Ejemplo: si es presidente municipal, la gente ama el puesto de presidente no la persona que lo ostenta.
Existe en el poder una línea de separación muy fina entre el perfil de un buen luchador social y un psicópata. Los psicópatas gozan de rasgos tremendamente positivos e impredecibles para triunfar, son atrevidos, carismáticos, implacables, centrados, fríos, y seguros de sí mismos.
Les dejo una frase lapidaria.
“Los carniceros de hoy, serán las reses de mañana”.










