Aunque los juguetes modernos dominan la escena durante el Día del Niño, en Izúcar de Matamoros aún se preserva una parte entrañable de la cultura popular: los juguetes tradicionales mexicanos. En plazas, tianguis y sobre todo en el interior del mercado Miguel Cástulo de Alatriste, todavía es posible encontrar baleros, trompos, pirinolas y loterías que evocan la infancia de generaciones pasadas.
Entre los pasillos coloridos de este mercado, el negocio de Kerime Rosete se ha convertido en un pequeño refugio para estos juguetes de madera. Kerime comenta que, pese al paso del tiempo, muchos izucarenses siguen buscando estos artículos, ya sea por nostalgia o para compartir con los más pequeños una forma distinta de jugar.
«El balero y la lotería son los más buscados, sobre todo porque se pueden disfrutar en familia», señala. Además de ser una forma de entretenimiento, estos juguetes también conservan una carga simbólica que conecta a los niños de hoy con las raíces culturales de su comunidad.
En esta celebración del 30 de abril, los juguetes tradicionales no solo sobreviven, sino que encuentran un espacio para seguir contando historias.










