*Madera, arte y raíces: el legado del artesano acateco, Lorenzo Antonio Rosas Vargas.
POR MANUEL GARCIA
ACATLÁN DE OSORIO, PUE. – En el corazón de Amatitlán de Azueta, junta Auxiliar de Acatlán de Osorio, Lorenzo Antonio Rosas Vargas y su taller de máscaras mejor conocido como «Totis» lleva más de 14 años esculpiendo no solo piezas de madera, sino también la identidad cultural de la región. Con máscaras de tecuanes, jaguares, tigres, vacas, burros y toros, este artesano ha vestido a danzantes que mantienen viva una tradición que representa a Acatlán y municipios aledaños.
Comenta que elaborar una máscara de tecuanes conlleva una semana de trabajo para poder realizar los detalles, los acabados y la pintura que lleva ya que es una máscara que siempre simboliza las raíces de Acatlán de Osorio, sin embargo, la máscara que más tarda en poder hacerse y poder pintar, es la del jaguar, ya que lleva más detalles. Lleva otro tipo de pintura y esculpirla, es un poco más tardado.
DE LÁPIDAS A OBRAS DE ARTE
El oficio del amigo Totis comenzó de manera distante al arte que hoy lo define: en sus inicios, trabajaba lápidas tras regresar de Estados Unidos. Fue el maestro Rafael conocido como “La Tarra” del barrio de San Gabriel reconocido artesano local, quien lo guío para transformar madera en expresiones culturales. “Él me enseñó a darle vida a la tradición», comenta Totis, refiriéndose a las máscaras que hoy viajan hasta Estados Unidos por encargos de migrantes que añoran sus raíces.
MÁSCARAS QUE CUENTAN HISTORIAS
Entre sus creaciones destaca una máscara de tigre monumental, elaborado en colaboración con otros artistas, echa de fibra de vidrio y que fue la imagen de la entrada de la Feria de Acatlán en Semana Santa, una pieza de más de 1 metro de alto por más de 1 metro de ancho. Piezas como esta no solo decoran: son símbolos de un patrimonio que resiste al tiempo.
Totis no solo talla madera; también busca transmitir su conocimiento; “Quiero que los jóvenes aprendan este oficio, que no se pierda», afirma. Sus máscaras vendidas o incluso regaladas a danzantes son un puente entre generaciones, donde cada cincelada honra la historia de Acatlán de Osorio y sus tecuanes.










