*La fiesta patronal se ha convertido en una tradición que une generaciones y trasciende fronteras.
*Cada año, decenas de izucarenses que viven en distintas partes de México y en Estados Unidos aprovechan estas fechas para regresar a su tierra natal y visitar al santo patrono.
IZÚCAR DE MATAMOROS, PUE. – Cada 25 de julio, las calles de Izúcar de Matamoros adquieren un significado especial. Más allá de la música, los antojitos y la verbena popular, miles de personas llegan con un mismo propósito: agradecer, pedir un favor o cumplir una promesa ante Santiaguito, el patrono de la ciudad y una de las imágenes religiosas de mayor arraigo en la Mixteca poblana.
Desde la noche de las vísperas, el recién nombrado Santuario de Santiago Apóstol comienza a recibir a familias enteras provenientes de comunidades de Izúcar, así como de municipios vecinos e incluso de estados como Morelos, Guerrero y Oaxaca. Muchos caminan durante horas para llegar hasta el templo, donde las oraciones, las veladoras y las flores fueron el lenguaje común de quienes depositan su esperanza en el santo patrono.
UNA DEVOCIÓN QUE HA SOBREVIVIDO AL PASO DEL TIEMPO
La historia de Santiago Apóstol en Izúcar está profundamente ligada a la identidad del municipio. La imagen que hoy veneran los fieles es una valiosa escultura elaborada entre finales del siglo XVI y principios del XVII con técnicas indígenas, utilizando papel amate y pasta de caña de maíz, una combinación que representa el encuentro entre las culturas originarias y la evangelización durante la época virreinal.
Para los izucarenses no es simplemente una imagen religiosa. Es «Santiaguito», un símbolo de identidad que ha acompañado a generaciones enteras y cuya fiesta patronal se ha convertido en una de las celebraciones religiosas más importantes del sur de Puebla.
El santo que volvió a casa
La devoción por Santiago Apóstol se fortaleció aún más tras el sismo del 19 de septiembre de 2017. El colapso de parte de la cúpula del templo provocó severos daños a la histórica escultura, que permaneció casi cinco años en los talleres del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), donde especialistas realizaron un complejo proceso de restauración.
Su regreso a Izúcar, en octubre de 2022, fue recibido por miles de fieles que acompañaron la procesión de bienvenida entre lágrimas, aplausos y muestras de profunda emoción. Meses después también fue entregada la nueva montura que completa el conjunto escultórico, devolviendo a la comunidad una de sus piezas más valiosas del patrimonio religioso e histórico.
«EL MIGRANTE DE LA FE»
Entre los creyentes existe un nombre que resume el significado de esta celebración: «El migrante de la fe».
Cada año, decenas de izucarenses que viven en distintas partes de México y en Estados Unidos aprovechan estas fechas para regresar a su tierra natal y visitar a Santiaguito. Algunos lo hacen para agradecer favores recibidos, otros cumplen promesas hechas años atrás y muchos simplemente buscan reencontrarse con sus raíces y con la tradición que aprendieron desde niños.
La festividad también reúne a familias separadas por la migración, convirtiéndose en un punto de encuentro donde la fe trasciende fronteras.
MÁS QUE UNA FIESTA PATRONAL
La celebración de Santiago Apóstol representa uno de los momentos de mayor actividad religiosa y económica para Izúcar de Matamoros. Comerciantes, artesanos, músicos y prestadores de servicios encuentran en estas fechas una importante oportunidad de ingresos, mientras que miles de visitantes recorren el centro histórico para participar en las misas, procesiones y actividades tradicionales.
Con el reciente nombramiento del templo como Santuario de Santiago Apóstol, la importancia espiritual del lugar continúa creciendo, consolidándose como uno de los principales centros de peregrinación del sur del estado de Puebla.
El próximo sábado 25 de julio, una vez más, las campanas resonarán para recordar que, en Izúcar de Matamoros, la devoción a Santiaguito no solo forma parte de la historia del municipio, sino que sigue siendo un vínculo vivo entre la fe, la identidad y las generaciones que encuentran en él un motivo para volver a casa.










