La historia reciente demuestra que en México existen causas capaces de unir a millones de mexicanos. Lo vimos hace apenas unos días con la Selección Mexicana de futbol. Sin embargo, resulta incomprensible que esa misma capacidad de solidaridad no aparezca cuando se trata de defender la vida de nuestros hermanos migrantes en Estados Unidos.
Del 20 de enero de 2025 al 14 de julio de 2026, 17 mexicanos han perdido la vida en hechos relacionados con el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE). Catorce fallecieron por distintas circunstancias en centros de detención y otros tres murieron de manera violenta durante operativos de esa corporación.
La cifra no puede reducirse a una estadística. Detrás de cada caso existe una familia lastimada, hijos que quedaron sin padre o madre y comunidades enteras que hoy reclaman justicia.
Nuestros migrantes son considerados, con toda razón, héroes nacionales. Gracias a su trabajo, México recibió durante 2025 más de 65 mil millones de dólares en remesas, recursos que sostienen la economía de millones de hogares y representan una de las principales fuentes de ingreso del país.
Por ello, la convocatoria de la presidenta Claudia Sheinbaum para construir una condena nacional contra los abusos del ICE merece el respaldo de todos. Este no es un asunto de partidos políticos, ideologías o colores; es una causa de dignidad nacional.
Es momento de exigir con firmeza: ni una, ni uno más.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Senado, la Cámara de Diputados, los congresos estatales, los gobiernos locales y todas las fuerzas políticas tendrían que expresar públicamente una postura clara frente a estas muertes. El único «delito» de muchos de estos mexicanos fue cruzar la frontera en busca de un empleo que les permitiera ofrecer mejores condiciones de vida a sus familias.
Como país debemos levantar una sola voz. La defensa de nuestros migrantes tendría que convertirse en una política de Estado y no en un tema que aparezca únicamente cuando ocurre una tragedia.
El caso más reciente estremeció a la comunidad mexicana en Estados Unidos. Lorenzo Salgado Araujo murió la semana pasada en Houston, Texas, tras recibir disparos de agentes del ICE.
De acuerdo con información difundida por diversos medios estadounidenses, Salgado Araujo se encontraba en la etapa final para obtener su permiso de trabajo. Inicialmente se habló de una supuesta «confusión» durante el operativo. Sin embargo, conforme avanzaron las investigaciones comenzaron a surgir testimonios y evidencia que contradicen la versión oficial.
A ello se suma el endurecimiento de las redadas migratorias impulsadas en distintas regiones de provincia de Estados Unidos. Organizaciones defensoras de derechos humanos han documentado operativos cada vez más agresivos, alimentando un ambiente de miedo e incertidumbre entre miles de trabajadores mexicanos.
La versión inicial del ICE sostuvo que el agente disparó en defensa propia porque Lorenzo Salgado intentó atropellarlo. No obstante, desde el primer momento varios testigos rechazaron esa explicación. Posteriormente, videos difundidos en días recientes fortalecieron esa versión al mostrar que nunca existió el supuesto intento de embestida o de tratar de atropellar a los agentes de inmigración.
Apenas ayer, México formalizó denuncias penales ante fiscalías estatales y el Departamento de Justicia de Estados Unidos por la muerte de los 17 mexicanos ocurridas en operativos o centros de internamiento del ICE. La propia presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que las investigaciones continúan, particularmente en el caso de Lorenzo Salgado Araujo.
La exigencia de justicia no puede quedarse únicamente en los discursos oficiales. La defensa de nuestros migrantes debe convertirse en una bandera nacional permanente.
Porque mientras México celebra con pasión cada triunfo deportivo, también tendría que indignarse con la misma fuerza cuando un connacional pierde la vida lejos de casay sobre todo cuando es asesinado de una manera artera y cobarde. Ahí es donde verdaderamente se mide la unidad de una nación…
Gracias.
Y si Dios Nos deja.
Nos vemos cuando nos leamos…










